—¿Por qué?
—Porque a los disc-jockeys no les interesa, ni a las grabadoras les interesa que los disc-jockeys se interesen.
—Pero me están admitiendo que las grabadoras están editando más rock que nunca.
—Si, pero en general son empresas chicas —como ésta para la que grabamos nosotros— que no pueden gastar mucha plata en promoción. Y en el caso de las empresas grandes, recién ahora se están avivando del asunto. Este año fue el más desastroso en la historia de las compañías grabadoras. Gastan más en difundir un tema que lo que el tema después les reditúa. Por eso están empezando a tomar interés en el rock. Pero recién están en eso.
—Y entonces, ¿cómo logran ustedes difundir sus obras?
—Hacemos bailes y recitales. Aunque lo de los recitales se está poniendo bravo.
—¿Bravo? ¿En qué sentido?
—Se hace difícil encontrar una sala para alquilar.
—¿Por qué?
—Algunos inadaptados, no más de veinte, se dedican a tajear butacas y tirar cigarrillos encendidos al suelo. Los dueños de las salas cada vez arriesgan menos: no nos quieren alquilar. Esos chicos, generalmente provenientes de familias de escasos recursos, aguantan sobre sus espaldas todo el peso del sistema. Pero no saben cómo canalizar sus energías. No se dan cuenta que haciendo barullo en un recital de rock están obstruyendo una actividad liberadora, algo que está hecho para ellos. Hasta que no tomen conciencia de quién es su enemigo van a atacar todo lo que tengan a mano. Bueno, nos quedan los clubes. Es una lindísima experiencia. Un público excelente que, a veces, sin saber de qué se trata, tienen una actitud más respetuosa y sabia que el público "culto". Nuestra música, quizá más que cualquier otra, necesita del público. Se tiene que propagar, se va a propagar, porque está ligada a la revolución de la juventud.
—¿En qué consista le "revolución de la juventud"?
—Mira, se habla de revolución y ya todo el mundo cree que estamos haciendo política. Nuestra revolución abarca todos los campos de la actividad humana. Por eso conviene desconceptualizar la palabra, darle un sentido más cabal. "Revolución", para nosotros, quiere decir darle al hombre conciencia de lo que es y de lo que puede ser. ¿Qué hacemos para ello? Con nuestra música tratamos de romper las estructuras que ahogan al hombre. El rock es, entonces, un mecanismo de revolución. Pero de revolución mental. Mirá, el mundo no aguanta más, la gente vive cada vez más presionada. Y no sólo las clases bajas: hay un nivel de presión que alcanza a la clase media.
Habló primero Héctor, después Rodolfo y ahora Emilio, Hugo asiente en silencio. Todos están de acuerdo, no hay ninguna disensión. Hay coherencia y cohesión en Aquelarre. La misma coherencia y cohesión que muestran muchos jóvenes superficial o insuficientemente calificados como "rebeldes".
—Se los acusa con llamativa frecuencia de "foráneos". Ustedes, ¿qué piensan?
—La música debería ser un lenguaje universal, sin rótulos nacionalistas. No importan las influencias: nadie está libre de influencias. Lo que importa es lo que estés buscando...
—¿Qué buscan ustedes?
—Un lenguaje genuino que abarque desde una chacarera hasta una polka rusa. Por otra parte, que algo esté menos libre de influencia no indica que sea mejor que lo que hacemos nosotros. Bueno, con ese lenguaje genuino pretendemos lograr que la gente, sobre todo la juventud, nos entienda. Hasta la juventud estúpida, hasta la juventud cegada por quienes nos acusan de extranjerizantes o algo así. En definitiva, lo que queremos es que la gente sea más libre.
—¿Creen haber logrado algo de tamaña pretensión?
—Y, sí. Hay cada vez más gente interesada en lo que hacemos y, lo que es más importante, en lo que significa lo qué hacemos. La juventud es más libre, eso es fácil de ver. Pero para lograr mayor eficacia nos falta coherencia. A los rockeros nacionales, claro. Hay coherencia musical o ideológica entre nosotros, Pescado Rabioso y Color Humano. Se explica: los tres conjuntos son un desprendimiento de Almendra...
—¿Por qué, si hacían y pensaban lo mismo, se separaron?
—Eso es historia antigua. Pero, por si te sirve, nos separamos para no hartarnos. Pero seguimos siendo amigos y atendiendo a lo que cada uno hace por separado.
—Separarse, entonces, no significó, para ustedes, ruptura.
—Para nada. Ya te digo: existe entre nosotros una firme coherencia. Cosa que no ocurre con otros grupos. No están en lo mismo ni musical ni ideológicamente.
—¿A qué grupo o grupos se refieren?
—A La Pesada.
—Pero La Pesada hace buena música.
—A veces sí. Hay muy buenos músicos ahí: Pappo. Javier Martínez, Alejo Medina, Pínchevsky... Pero hay otros...
—¿Quienes?
—Billy Bond. Él y Jorge Álvarez se erigen en ideólogos del rock sin la menor autoridad. Y se meten en la bolsa a mucha gente, los confunden. Después andan por ahí produciendo discos de Sabú o de Jorgelina Aranda, ¿Qué tendrá que ver con eso el rock?
—Lo que, ustedes les reprochan es falta de integridad.
—Exactamente. Y el rock precisa gente íntegra, que no mienta ni tenga actitudes contradictorias con lo que se proclama. Eso es fundamental para el movimiento. En realidad, todavía no hay un movimiento: necesitamos más gente, mayor conciencia. Pero lo habrá: el rock va a progresar, la gente será más libre.
La gente será más libre. A todo lo que forja el poder de estos jóvenes debe agregarse este ítem: SON OPTIMISTAS. Creen en el hombre, en sus posibilidades, en su búsqueda de libertad.
¿Qué hacen para llevar a cabo sus principios, para realizar sus convicciones?
Nada más y nada menos que BUENA MÚSICA.
Lo cual, aunque quizá no sea suficiente, es bastante.” (
magicasruinas.com.ar)